A medida que fui avanzando en la terapia, fue surgiendo la necesidad de hacer un poco de introspección. La idea era abordar los sentimientos de ansiedad y angustia que aparecían ante la idea de tener relaciones sexuales con alguien más. ¿Debía contarle al otro lo que me pasaba con el sexo o era mejor no mencionarlo? 

Varias de mis siguientes sesiones estuvieron dedicadas a tratar la ansiedad y, por qué no, angustia que me generaba la expectativa de cualquier encuentro sexual con otra persona. Me moría de ganas de experimentar, pero a la vez tenía mucho miedo de no sentirme cómoda y no acabar. Me daba pánico la opinión del otro sobre mí, que pudieran catalogarme como “mala en la cama”, como si todo mi valor dependiera del puntaje sexual que me asignaran. Todo esto ameritaba una buena dosis de introspección en terapia.

Volver a fingir definitivamente no era una opción, pero tampoco tenía ganas de andar contando mi historia a cada nuevo flaco con el que saliera. De hecho, con la terapia fui entendiendo que esa no era la opción más recomendable como carta de presentación. No se trataba tanto de que pudiera espantar a posibles compañeros sexuales, sino más bien del peso que todo ese bagaje tenía para autocondicionarme emocional y sexualmente. Presentarme así ante alguien nuevo sería un poco reduccionista. Sería encasillarme como si no pudiera definirme de otra forma o no tuviera la capacidad de mejorar, como si eso fuera todo lo que yo podía ser.

Distinto era el tema de tener una relación estable. Una de las conclusiones más duras a las que llegué con terapia fue que la veces que estuve de novia, tendría que haber sido sincera y contarle a mis parejas lo que me pasaba. Tal vez me hubieran comprendido o tal vez no; pero no me abrí con ellos y no les di la oportunidad de acompañarme, de probar juntos cosas distintas que podrían haberme ayudado. Eso fue enteramente mi culpa. 

Disfrutar del viaje mientras se llega al destino

Otro de los factores que me estaban condicionando mucho era que me estaba centrando demasiado en el “objetivo final” de llegar al orgasmo. Acá el árbol no me dejaba ver el bosque: estaba dejando de lado la importancia de toda la experiencia completa. 

Gracias a la instrospección hoy tengo el panorama de lo que me funciona mucho más claro. Crear el ambiente adecuado, usar la imaginación, atreverse a hacer cosas nuevas y ser más abierta con mi sexualidad son todas las cosas que tuve que ir incorporando para disfrutar plenamente. Pero lo más difícil definitivamente fue aprender a dejarme llevar y concentrarme en estar presente en el momento y el lugar del sexo para disfrutar. En definitiva: pasarla bien sin preocuparme tanto por si iba a lograr acabar o no.

Ante el panorama que les cuento, la sexóloga me dio nuevamente tarea para llevarme a casa. Se trataba de algo muy básico, pero que por la maldita vergüenza y represión nunca me había puesto a analizar conscientemente. Tenía que armar un listado de cosas que me agradaban o me hacían sentir cómoda en la cama, ya sea sola o acompañada. Incluso podía incluir cosas nuevas que me gustaría probar o cosas que ya hubiera hecho antes sin éxito, pero que me gustaría volver a intentar.

1 – La conexión:

La primera cosa que anoté en mi lista es un poco boba, pero hace una gran diferencia para mí y me facilita la entrada en onda. Me encanta sentir que el otro la está pasando bien conmigo y que me desea. Me gusta que exista una conexión, miradas cómplices, seducción, atracción mutua… Pero sobre todo, me gusta escuchar… Adoro oír como la respiración del otro se va haciendo más profunda, como el pecho se le infla cada vez más con cada inspiración y exhalación a medida que la excitación va subiendo. Cuando esa respiración profunda empieza a mutar en gemidos, aunque sean muy suaves, no puedo evitar mojarme y comenzar a gemir yo también. Es casi un acto reflejo de retroalimentación: cuanto más caliente percibo que se pone el otro, más intenso se pone el cosquilleo y calor que siento en mi concha y quiero más. 

2 – Desvestirnos:

Me resulta sumamente sexy desvestir a mi compañero y también que el otro me vaya sacando la ropa lentamente a mí. Si tiene puesta alguna camisa con botones, mucho mejor. Disfruto desabrochar lentamente uno a uno para ir descubriéndole el pecho y besarle la piel suave, mordisquearle los pezones y recorrer con mi lengua cada centímetro de su torso. Luego, seguir bajando y desabrocharle el pantalón para encontrarme con un pene bien tieso y parado, agarrarlo con mi mano, apretarlo, sentirlo duro y lubricado. Me encanta juguetear con él entre mis dedos, acariciarle la cabeza, pajearlo para desparramar esa lubricación, chuparlo para que se pare más y que quede listo para meterlo de lleno en mi concha.

3 – Mirar porno:

Ver porno es una actividad que llegó tarde a mi vida. Tuve que empezar terapia para darme el permiso de hacerlo y descubrir lo excitante que puede ser. Mirar porno estando sola me sirvió para alimentar la imaginación y las fantasías. Me ayudó a liberar el potencial de goce de mi cuerpo y descubrir que yo también podía calentarme y acabar. Como ya les conté, mi primer orgasmo fue mirando el video de una chica brasileña masturbándose, para estudiar sus movimientos y aprender cómo tocarme. De vez en cuando, también me gusta mirar porno acompañada, si el otro se siente cómodo con eso y coincidimos en gustos de categorías. Me parece una excelente fuente de ideas y una forma de sumarle al sexo un condimento picante. Siento que estamos espiando a las personas del video y que ellos también nos están viendo a nosotros: sencillamente me encanta la idea.

4 – Que me chupen:

Definitivamente otra de mis cosas preferidas es que me chupen las lolas. Siempre fue algo que disfruté, pero en mi etapa post-orgasmos, algo en mí se liberó y lo potenció. Me excita mucho que empiecen lamiendo suave por los costados, en forma circular, pasando la punta de la lengua alrededor de las areolas primero, acercándose poco a poco al centro. Cuando los labios rozan mis pezones y los empiezan succionar se siente como el paraíso. Me encanta que me los muerdan despacito, sentir los dientes clavándose con suavidad y que la lengua frote rápidamente las puntitas. Disfruto mucho de la creatividad acá, que el chico alterne succión, lamidas, chupadas, mordiscos, besos en el orden que le ocurra, me gusta todo.

De todos modos, después de una buena sesión en mis tetas, inevitablemente termino pidiendo a mi compañero que vaya bajando con su lengua por mi abdomen, que lo recorra con besos y que me bese la concha. De nuevo, acá también me gusta que empiece por la periferia, lamiendo con delicadeza y que se aproxime al clítoris lentamente. Adoro cuando las lamidas son suaves, sin presionar, casi un roce. Me encanta percibir que el calor va aumentando, que mi respiración se hace más profunda, que mi concha se moja y que mi pelvis se empieza a mover. Todas las señales ya están ahí: me encuentro completamente lista.

5 – Un extra:

Tengo que confesarles que el último ítem en mi lista de hoy no formaba parte del listado originalmente. En el momento en que la sexóloga me pidió hacer este ejercicio todavía no lo había experimentado; de hecho, ni siquiera me hubiera atrevido a soñar con que yo podía llegar a hacer algo así y por esa razón no estuvo incluido al principio. Dejando de lado el misterio, una de mis nuevas cosas favoritas es escribir este blog. Tengo la particularidad de tener una memoria muy visual, un poco cinematográfica incluso. Plasmar en palabras cada una de estas historias me hace revivirlas y, a medida que las voy releyendo me parece estar viendo una película de lo que pasó, y ustedes ya saben lo mucho que me gusta ver películas… Además, saber que del otro lado hay realmente personas de carne y hueso leyendo mis secretos más íntimos me calienta mucho.

Cuando empecé este blog, nunca pensé que iba a recibir mensajes de los lectores. Ni siquiera sabía si a la gente le iba a interesar leer lo que yo tenía para contar, pero tampoco me importaba tanto en aquel momento. En realidad, mi objetivo era ser más abierta con mi sexualidad, que mi placer ya no fuera un tabú o algo que debiera permanecer oculto. Pero ahora que se generó toda esta dinámica, no puedo esperar para tener algún rato libre y poder sentarme a escribir tranquila. Cada vez que una historia va tomando forma también me van surgiendo las ganas, siento un cosquilleo interno, una electricidad. Entonces para cuando termino el posteo, ya no hay vuelta atrás: me saco la ropa, me acaricio y me masturbo para celebrar. 

En este punto me despido hasta la próxima entrega, hay algo muy importante que tengo que ponerme a hacer 😉

Te invito a dejar tu comentario sobre tu propia introspección y gustos.

8 COMENTARIOS

  1. Me gustó este nueva historia que compartís, y tu historia, mucho más. y el extra es doble, está bueno leerte y saber que a vos también te gusta, es mucho mas gratificante. Besos

  2. A mí me pasa lo mismo respecto a sentir placer cuando mí pareja está gozando, me retroalimenta, estoy muy concentrado en eso. Me gusta ir muy despacio y en ese orden que planteaste. A diferencia tuya, yo de muy joven no tuve todo el sexo en pareja que hubiera deseado (mezcla de autoestima y pocas oportunidades, si bien soy extrovertido). Hoy con 44, mis últimos 5 años, me encuentro en un momento muy alto de mí vida sexual, y tengo chance de mucho más y mejor, y todavía no estoy pudiendo soltar una relación que no me da plenitud. Por otro lado, debo felicitarte por tu correcta escritura. Es grato y estimulante leerte, en oposición a tanta bulgaridad… Besos

  3. Q BUENO LO TUYO Y DE VERDAD UNO SE CALIENTA LEYENDO LO Q VIVES PERO HAY ALGO Q NO MENSIONAS O NO EPERIMENTASTE BUENO BOMBON TE FELICITO Y ME GUSTARÍA SABER COSAS D TI

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