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Hoy quiero valerme de este espacio para compartir con ustedes una historia especial. Esta narración es diferente a las otras básicamente porque no es de mi autoría, sino que me la hizo llegar un lector del blog.

Con frecuencia recibo mensajes donde las personas me cuentan que leer mis relatos los ha inspirado para escribir sus propias historias e, incluso, algunos me las envían para que las lea y les cuente mi parecer. Debo decir que me hace sentir profundamente halagada que valoren tanto mi opinión y que compartan con migo temas tan personales, al igual que yo lo hago con ustedes.

Si bien muchos de los textos que recibo son verdaderamente interesantes, hay uno en particular que me cautivó por la forma en que se narran los acontecimientos. El autor describe la atmósfera y el marco emocional de las escenas de una manera muy excitante. Me encantó su estilo. 

Sin más preámbulos entonces, y con su debido permiso, los invito a leer el maravilloso relato de Rodrigo. ¡Qué lo disfruten!

Recuperando el tiempo perdido (Por Rodrigo)

Estaba volviendo del trabajo algo cansado, mirando por la ventanilla del colectivo la gente caminando por la calle. Mis ojos entrecerrándose, casi vencidos por el sueño. Una vibración en mis pantalones me despertó de un sacudón, y rápidamente saqué el celular atrayendo toda mi atención. Era un mensaje de ella, una linda sorpresa en ese atardecer lluvioso, gris oscuro. Tenía ganas de verme, estaba aburrida, algo así anunciaba. Al instante me di cuenta que era una invitación, sentí mis palpitaciones agitándose dentro mío, la boca un poco reseca. ¡Qué ganas que tenía de verla! Pero al mismo tiempo, una incomodidad recorría mi cuerpo. Era evidente que la ansiedad se anunciaba a mi puerta cuando se trataba de ella, y algunos temores revolvían mis neuronas.

Recordé todo lo que había estado pensando y la necesidad de no dejarme vencer por todo eso. Le seguí el juego con un par de mensajes y, casi llegando a la parada donde me tenía que bajar, quedé en ir a tomar una cerveza cerca de su casa más tarde.

No tuve mucho tiempo, el trayecto del trabajo a mi casa se había hecho interminable por los autos abarrotados en la calle y la lluvia que no ayudaba. Aproveché el paso por mi casa para ducharme, relajarme con el agua caliente y el vapor en el baño. Sentí la necesidad de calmar la ansiedad tocándome, un par de toqueteos con el jabón ya me estaban encendiendo, y a la vista era agradable. Pero no, eso era para otro momento y no podía perder tiempo.

Terminé de bañarme y procedí a vestirme. Me puse unos boxer negros, ajustados, me gustaban porque me remarcaban bien el bulto, y al mismo tiempo no eran extravagantes. Me gustaba lo que veía al espejo. Lo completé con unos pantalones negros ajustados que usaba para salir y una remera, no quería algo demasiado formal. Cuando miré la hora ya se estaba haciendo tarde, me puse un poco de mi perfume especial y salí apurado para la cervecería.

La encontré esperándome en la puerta, estaba radiante. Tenía unos jeans azul oscuro bien pegados a sus sensuales piernas y una camisa negra con botones que disponían un escote que dejaba entrever un corpiño negro de encaje. Intenté no detener la mirada demasiado tiempo, una tarea enorme. Pero lo que más me encantaba de su imagen eran sus rulos morochos bien definidos, que hacían juego perfecto con su tez morena.

Me costó relajarme, pero con su soltura y naturalidad me fue desanudando, poniéndome al día de su vida, de sus últimos viajes. Tenía la facilidad de hacerme sentir en un lugar seguro, y entre cervezas y unas papas fritas nos fuimos dejando llevar por la conversación, las risas. Ya no me arrepentía de haber aceptado su propuesta.

Ella volvía del baño y yo estaba mirando mi celular cuando se paró al lado mío, corrió el celular de mi mano y se inclinó hacia mí, me invadió una ola de una fragancia dulce y cautivadora. Mi visión se nubló, no se si era el alcohol, la calentura o el momento, pero llevé mi mano hacia su mejilla derecha y acerqué mis labios. El contacto con los suyos me encendió todo el cuerpo, era una chimenea, los tenía carnosos y algo húmedos. No tardamos mucho en entreabrirlos y sentir nuestras lenguas en una danza de erotismo e indirectas.

Sentí cómo acercó sus caderas hacia las mías, que ya rodeaban una dureza considerable y no dudó en percibirla por un instante. Seguimos tomando unos tragos, riéndonos y alternándolo con algunos besos calientes. En el bar pasaban una música que nunca habíamos escuchado, pero que tenía onda y nos instaba a mover un poco los cuerpos como bailando, cada uno desde su lugar. Nos mirábamos y sonreíamos, cada uno sabía lo que quería. Yo tenía ganas de arrancarle la camisa, bajarle los jeans y cogérmela ahí mismo, sobre la mesita. No me importaba la gente alrededor, no me importaba nada. Ella tomó la iniciativa:

-Vamos para casa, es acá cerca. Mi amiga hoy no vuelve.

Tragué profundo. Me moría de ganas, pero mi cabeza iba a mil, los pensamientos empezaban a dar vueltas. Sentía la boca seca y algo de ganas de hacer pis. La miré a los ojos.

Dale, vamos.

Agarró sus cosas y fuimos caminando, eran unas pocas cuadras. Cada uno por su lado. Íbamos charlando de trivialidades y dispersándonos. La noche estaba hermosa.

Cuando entramos a su departamento no perdí tiempo, ambos sabíamos lo que estábamos haciendo. No había terminado de cerrar la puerta que ya la estaba tomando por sus caderas por atrás, sonrío y me miró girando la cabeza un poquito. Aproveché para darle un beso mientras la apoyaba de atrás. Tenía una cola perfecta, no muy grande y paradita. Y me quedaba justo a mi altura para que empiece a sentir mi bulto. Se dio vuelta y seguimos con los besos apoyados sobre la pared, ni tiempo habíamos tenido de movernos.

Las lenguas se entrecruzaban ferozmente, los labios de los dos estaban mojados y resbalaban con facilidad queriendo comerse. Ella había llevado sus manos hacia mi pecho y me recorría todo hasta abajo, sintiendo mis abdominales; mis manos estaban entretenidas sin dejar un centímetro de ese culo esculpido sin conocer. Decidí ir más lejos y subí mi mano derecha por su cintura, pasando por su panza hacia arriba, para acariciarle las tetas. Eran medianas, como me gustaban a mí, y bastante redonditas. A través de la camisa negra, y gracias al fino corpiño que llevaba puesto, se notaba cómo sobresalían sus pezones, ya tiesos de la excitación. Sin embargo, en un movimiento delicado, me apartó la mano y dio un paso al costado. Me miró directo a los ojos con una mirada penetrante, y esbozando una leve sonrisa.

  • Pasá por esa puerta y esperame. -Sólo eso dijo y fue para el baño.

Yo le hice caso y entré a la habitación. La situación me había descolocado un poco y busqué acomodarme ¿Cómo la tenía que esperar? ¿Tendría que estar haciendo algo mientras? No quería que me empiece a ganar de vuelta la cabeza, así que me senté a un costado de la cama, me estiré con los brazos y esperé tranquilo. Cuando regresó los jeans habían pasado a la historia: acompañando su camisa negra resaltaban sus piernas morenas tonificadas y, por su puesto, una tanga con detalles de encaje hiper finita también de color negra. Al darse vuelta para apagar la luz me deleité con su preciosa cola en donde la tanga se perdía entre los cachetes como un fino hilo. No me gusta mucho la luz, dijo y se acercó hasta una mesita y prendió un velador, que creaba un ambiente cálido y de penumbras.

  • ¿Qué hacés con las zapatillas puestas? Vení, sacatelas y acomódate – me dijo mientras se acostaba del otro lado de la cama.

Le hice caso y me recosté al lado suyo, apoyado sobre mi brazo derecho apuntando mi corporalidad. Se notaba un poco la tensión, pero ella cambió de estrategia y me besó la boca suave, muy suave. Su delicadeza me dio una señal y me encantó, era hora de relajarse y disfrutar del momento, para eso estaba. La conexión fue inmediata. Besos largos y sentidos, cada labio recorriendo el otro milímetro a milímetro, bien despacio y mojado, sintiendo la respiración del otro y propia, que fue pasando de agitada y efusiva a relajada y casi imperceptible, dando lugar a la transmisión de una sensación cálida que nacía en la boca y se expandía para todo el cuerpo.

Yo no tenía la erección de unos minutos atrás, pero sorprendiéndome disfrutaba momento a momento la delicadeza y las caricias, los besos en el cuello, mi devolución saboreándole la punta de la oreja, algo que la derretía.

Estuvimos así un rato largo, sin necesidad de apurarnos. Le desabroché la camisa botón a botón y quedó la imagen de ella en ropa interior que me volvió loco. Me saqué el pantalón y la remera en un mismo movimiento y me puse arriba suyo para sentir la piel caliente de los dos en contacto, esa sensación es irremplazable. Ahora sí, pude llevar mis manos a sus senos por debajo del corpiño, avivando el momento, tenía los pezones sumamente duros, prácticamente no tenía aureola. Intenté besarlos, empezando por el hermoso valle que se formaba entre ambos. Despacito, me dijo, me encantaba recibir sus indicaciones y saber qué cosas le gustaban, incluso eso me excitaba más a mí. Le hice caso y su agitación se aceleró de vuelta, comenzó a liberar pequeños gemidos de excitación. -Seguí.

Recorrí con mi boca sus dos radiantes tetas, a veces masajeaba ambas con las manos, mi cuerpo emanaba una temperatura elevada. Me acomodé al costado, ella agarró mi mano y la dirigió hacia debajo de la tanga. La palpé toda con todos los dedos y la palma de la mano, tenía los labios hinchados, su circulación sanguínea estaba al mango de la calentura. Y se notaba. Recorrí con los dedos en v sus labios mayores y menores de abajo hacia arriba un par de veces, y después delicadamente apoyé el índice sobre el capuchón del clítoris, sin hacer mucha presión.

Ella se retorcía del placer y me comía la boca. Con una mano me ayudó a repetir un movimiento circular sobre ese punto cúlmine de placer, estaba toda mojada y eso ayudaba las cosas, y posó la otra sobre mi boxer, palpando mi bulto duro y a veces agarrando con fuerza. Me volvía loco. No aguanté y me lo bajé, para que me la toque directamente. Sentir su piel, sus manos agarrándome los testículos provocó una corriente salvaje de sangre hacia mi poronga, que se ponía aún más dura. Después subió y la tomó por el tronco, haciendo movimientos despacio. Acercó su otra mano hacia su boca para llenarla de saliva y después mojarme la cabeza del glande con movimientos circulares. La combinación de atrevimiento y morbo me encantaba, y la sensación de la paja que me estaba haciendo bien lubricada no tenía comparación.

Sentí la salida de una pequeña gota de líquido preseminal, estaba al palo. Con un beso fuerte en la boca me separé de ella y empecé a bajar por su cuerpo dándole pequeños besos, me detuve especialmente en su pubis, en sus ingles, rodeando su concha, lo mejor para el final. Con sus dedos me acariciaba el pelo. Recorrí con mi lengua sus labios mayores, después los menores, hasta que llegué al clítoris y le di un pico. Después empecé a alternar succiones y, en especial, pasarle la lengua relajada de arriba abajo, elevaba sus caderas empujándolas sobre mi cara, estaba sumergido. Acompañé el oral con un dedo adentro de su vagina, sin mucho movimiento, haciendo presión donde le gustaba. Ella no podía más, sus gemidos se habían convertido en gritos de placer, sus manos ahora me agarraban el pelo con violencia y me empujaban más hacia su concha inundada.

Me sorprendió que de pronto se hizo atrás y se separó de mí. Me dedicó una mirada devoradora, estaba algo transpirada y despeinada, totalmente sensual.

  • Te la quiero chupar, ya.
  • Uff sí.
  • ¿Me la vas a dar en la boquita?
  • Te la voy a dar toda, para que me la dejes limpita ¿La querés? – La quiero toda adentro.

Mientras yo la miraba y me tocaba despacio. Me acosté al lado suyo, pero me miró y me dijo: no, yo me quedo acá, veni dámela. La indicación me hizo hervir, se acomodó una almohada

debajo de su cabeza y yo me ubiqué por arriba de ella, como montándola, a la altura de sus tetas. Se la podía apoyar ahí y juguetear un poco. Rápido, me la agarró y me amasó con sutileza el glande, para luego bajar bien la piel y llevar la mano hasta el tronco, se marcaban las venas. Así recuperé un poco de dureza. Se la llevó hacia sus labios y sin timidez los usó para rodear la cabeza y meterse la puntita.

Yo respiraba fuerte mientras miraba su acción y le manoseaba las tetas. Acto seguido empezó a chupar con ganas, mojándomela toda y haciéndome delirar de placer. Se la saqué de la boca para no estallar ahí mismo y empecé a frotársela por la cara. Eso le encantaba la volvía loca que le recorriera la cara con la pija dura y un poco de los testículos para, cada tanto, volverla a meter en la boca.

Estaba ida, y yo también. Con movimientos de cadera se la metía y sacaba de la boca, y cada tanto la metía bien hasta adentro, hasta el punto de casi atragantarla. Cuando por fin respiraba, se saboreaba y me miraba pidiéndome más. Me incliné y con una mano empecé a tocarla, estaba cada vez más mojada. En un momento paró y me separó un poco. Se inclinó de costado para abrir el cajón de la mesita de luz. No sabía qué estaba pasando. Cuando lo vi, no lo podía creer, pero me maravilló. Sacó un dildo de color rosa, con una forma amigable, de un tamaño considerable. Me miró con una sonrisa y me pidió que se lo meta mientras ella seguía.

La imagen era de su satisfacción con el juguete, mientras me agarraba la pija y me la chupaba como una profesional era una bomba. Sentía los testículos bien altos, y el mástil duro y caliente. Entre gritos ahogados sentí cómo empezó a agitar su respiración, a estremecerse, y finalmente acabó en un estallido. Liberó un grito de placer y se relajó sobre la cama. Las contracciones de placer seguían.

Le di un beso y me acomodé a su lado mirándome. Unos segundos después, ella se puso enfrente mío, sentada con las piernas cruzadas, me agarró la pija y me empezó a masturbar con velocidad. Entre las imágenes que había visto y la forma en que me tocaba yo no iba a aguantar, sentí como hervía de placer y cómo subía el semen avisando que el orgasmo estaba por llegar. Estoy por acabar, seguí, le dije, y casi sin terminar la frase salió todo el jugo a borbotones, un chorro inmenso de la calentura, que fue a parar a mi abdomen. Despacito me hizo presión con su mano, aplastándomela sobre mis abdominales, dejando que salgan las últimas gotas. Limpiate, eso es todo por hoy.

1 COMENTARIO

  1. Perfecto el relato, contado con la cadencia y el volumen exactos. Me encantó la descripción de la previa, y como fue aumentando la intensidad… Fue el primer contacto que tuvo con esa chica? Porque según inicia el relato, ya la conocía… Pero cuando cuenta su encuentro, parece que sexualmente no… O me equivoco?

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