Para encender el deseo y aumentar nuestra líbido es clave dedicar tiempo a la exploración sexual y activar la imaginación, innovación y práctica.

Una de las cosas que la sexóloga me repite incansablemente en la terapia es que al deseo hay que estimularlo. Es clave darle lugar, hay que propiciar el espacio para que surja. Durante nuestras sesiones, muchas veces le comenté mi preocupación por no sentirme caliente espontáneamente en mi vida diaria. Yo estaba logrando excitarme y tener orgasmos, pero eso no me pasaba “de la nada”. Siempre tenía que recurrir a algún estímulo externo como ver una película, evocar un sueño o imaginarme una fantasía para empezar a sentir las ganas de hacer algo sexual después. En otras palabras, me inquietaba un poco que el deseo no se despertara por sí solo. 

Parece que no podía estar más equivocada: el deseo es algo que hay que trabajar, tenemos que dedicarle tiempo para que se desarrolle y florezca. Puede ocurrir que aparezca sin estímulos de ningún tipo, pero también puede pasar que nos quedemos esperando eternamente si no ponemos nada de nuestra parte. Lo bueno es que una vez que nos empezamos a activar con imaginación, práctica y voluntad, las ganas van surgiendo cada vez más naturalmente y sin tanto esfuerzo. Mientras más se ejercita el deseo, más simple es ponerlo en marcha y aprovecharlo para nuestro disfrute. Entre otras cosas, leer literatura erótica, ver películas porno, practicar la masturbación, fantasear e innovar ayudan a encender el deseo y aumentar la líbido.

Pasar al siguiente nivel

De todas recomendaciones que me dio la sexóloga, el tema de la innovación para encender el deseo fue el que más llamó mi atención. Fue así que entonces me decidí a pasar al siguiente nivel en mi camino exploración y autodescubrimiento: ¡Sex toys! Nunca antes en la vida había usado un juguete sexual y me daba mucha curiosidad probar con ellos. Hice un poco de investigación sobre el tema en Internet y, finalmente, compré 2 juguetitos muy diferentes porque, después de todo, en la variedad está el gusto.  

El primero que elegí me pareció muy tierno porque tiene forma de elefantito. Se trata ni más ni menos que de un vibrador para el clítoris y la zona de los labios, al que se le puede regular la intensidad con una perilla giratoria. El segundo modelo es un poco más difícil de describir. Digamos que tiene dos protuberancias en su extremo superior. Una es para introducirla en la vagina y la otra para estimular el clítoris. Este consolador está pensado para usarse en ambos lugares a la vez y me gusta porque tiene un diseño muy femenino.

Ya con los dos juguetes nuevos en mi poder, lo único que restaba era encontrar la ocasión para estrenarlos. Así que me di a la tarea de buscar alguna porno copada y ponerme a experimentar con los chiches. Me gustan las que muestran parejas jóvenes y atractivas. Suelo elegir películas con tipos atléticos que yo podría querer cogerme en la vida real y chicas de mi edad con las que me pueda identificar. Para mí es importante que la actitud de la protagonista sea creíble y no exagerada para poder sentirme un poco parte de la historia, como si yo estuviera ahí.

Directo a los bifes

El video que ví no tenía demasiada trama. Podría decirse que la pareja fue directo a los bifes, pero voy a tratar de relatarlo para ustedes. El chico estaba acostado sobre una cama y la chica estaba arrodillada frente a él. Ella usaba tan solo una musculosa negra de breteles finitos con una tanga del mismo color. Él tenía puesto un boxer gris y su abdomen era una tabla de lavar la ropa. Ella comenzó a aproximarse y a amasarle el pene. Lo acariciaba lentamente y lo apretaba entre sus manos pajéandolo con firmeza. Para cuando le sacó el calzón, él ya tenía una erección dura como una piedra que ella se encargó de lamer de punta a punta por un buen rato. Acto seguido, la chica corrió su tanga para un costado y se montó sobre su compañero haciendo desaparecer el pene dentro de su concha. Luego se quitó la remera y el chico lamió sus pezones rosados.   

En este punto decidí que ya era hora de encender el consolador con forma de elefantito. Me abrí los labios de la argolla usando los dedos índice y mayor de mi mano izquierda. Noté que ya estaba húmeda. Mirar el disfrute de la pareja y escuchar sus gemidos me había excitado. Apoyé el aparato sobre mi vulva de manera que el cuerpo del elefante vibrase en la entrada de mi vagina. La trompita quedó ubicada estratégicamente, moviéndose sobre mi clítoris, rozándolo suavemente. 

Dulce sensación

No encuentro palabras para describir esa dulce sensación, nunca antes había experimentado algo así. Eran como unas cosquillas efervescentes y cálidas a la vez, ramificándose a través de todo mi cuerpo. Aunque estaba sola, sentía la necesidad de mover mi pelvis como si la que estuviera garchando en el video fuera yo. Hacerlo aumentaba mi placer, las vibraciones se sentían aún mejor. Por momentos, yo apretaba el aparato contra mi concha y luego relajaba la presión. Este juego me permitía regular el nivel de excitación. No quería que la paja se terminase demasiado rápido; deseaba hacerla durar y tomarme el tiempo para explorar las posibilidades que me brindaban mis nuevas herramientas. 

Después de un rato, el chico del video empezó a practicarle sexo oral a la chica. Ella se encontraba recostada con las piernas abiertas de par en par, mientras él hundía su rostro en su concha, saboreándola. Ella jadeaba sensualmente y se mordía los labios, recibiendo gustosa el placer que él le brindaba. 

¿Ya les conté que me calienta mucho escuchar los gemidos de las parejas que cogen en las porno? Sin dejar de mirar la escena, incrementé la intensidad de vibración y la trompita del elefante empezó a moverse más vigorosamente sobre mi clítoris. Las cosquillas aumentaron y también el calor. Con mi mano libre empecé a pellizcarme los pezones. Adoro apretarlos e imaginar que me los están chupando. No podía dejar de tocarme las tetas, sentía un impulso irrefrenable por acariciármelas. 

El próximo paso

Tranquilamente podría haber seguido así hasta el final, hasta desbordar del placer, pero aún tenía otro consolador por probar. Dejé el elefantito a un costado y rápidamente encendí el segundo vibrador. Me inserté lentamente el extremo alargado en la argolla imaginando que una pija dura y venosa se estaba abriendo paso dentro de mi concha. Luego acomodé la otra protuberancia en mi clítoris para estimularlo también. Experimenté con las distintas velocidades del aparato mientras observaba al chico cogerse a su compañera. Disfruté cada penetración que vi en la porno como si yo misma la estuviera recibiendo. Jugué con las intensidades del consolador, pasando por los cosquilleos suaves primero, hasta llegar la vibración intensa y efervescente después. 

Por momentos, mi cuerpo se estremecía. Puro fuego ardía en mi interior. El goce brotaba desde mi centro y me invadía por completo, en una espiral sin fin placer. Me deleité en cada suspiro, cada jadeo, cada gemido que la pareja me proporcionaba. Manipulé el juguete en mi interior deslizándolo hacia adentro y hacia afuera, siguiendo el ritmo de cogida que llevaba el chico. Froté mi clítoris con el otro extremo, recibiendo gustosa las vibraciones hasta que el placer se hizo incontenible y abrasador, y un orgasmo arrebatador me dejó sin aliento. 

Me encantó combinar la estimulación del clítoris y de la vagina al mismo tiempo. Definitivamente tuve un orgasmo clitoriano, pero la sensación de algo duro y robusto dentro mío me excitó mucho también; me complementó. Estaba feliz. Por primera vez, había podido disfrutar de una penetración y ahora me sentía mucho más segura para intentar dar el próximo paso: con un poco más de práctica ya estaría lista para coger.

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